Masculinidades

Hombres por la Equidad de Género ¿Y ahora qué?

Posted in Políticas profeministas, Publicación by Community Manager on 1 mayo 2012

En los últimos diez años el movimiento de hombres por la igualdad se ha ido desarrollando y extendiendo por gran parte del Estado Español (Andalucía, Aragón, Baleares, Canarias, Castilla La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Extremadura, Galicia, Madrid, Murcia y País Vasco).

Ya no es novedad la implicación de los hombres en el feminismo porque existen grupos de hombres y activistas por la igualdad desde hace más de 25 años en España, sin embargo los hombres profeministas integrados activamente como movimiento social, representan todavía una minoría en comparación con el propio feminismo, la ecología, los grupos de derechos humanos, de derechos lgtb, o el sindicalismo. Hemos de reconocer que hasta ahora no hemos conseguido que nuestro mensaje cale en la mayoría de hombres de nuestras ciudades y pueblos.

Afortunadamente ya no está tan claro en qué consista “ser todo un hombre” o un “hombre de verdad”. Para explicar la falta de entusiasmo masculino ante la igualdad de género, algunos apuntan a un supuesto desconcierto de los hombres, a la dificultad para comprender en qué consista un cambio que es complejo y difícilmente reducible a mensajes simplistas. Hay quien incluso habla de la falta de modelos, aunque quizá sea mejor hablar de falta de reconocimiento social a los modelos igualitarios de masculinidad que inexistencia de los mismos.

Ante un panorama con múltiples referentes, muchos hombres han comprendido la oportunidad que se nos abre para construir una estima y subjetividad centrada en las relaciones y el cuidado, redescubriendo todo lo que generalmente sacrificamos en favor de una carrera profesional. Hombres por la igualdad hay muchos más de los que forman parte de los grupos y asociaciones.

Para la generalidad de los hombres, el cambio se ha limitado a una adaptación oportunista a cada contexto, abriéndose al espacio de la “ayuda” y mostrándose menos abiertamente machistas donde no se permiten estas actitudes, pero sin renunciar a la autoridad y estima del éxito profesional, y priorizando el mismo ante las encrucijadas vitales, lo que se refleja en todos los estadísticos que muestran la persistencia de la discriminación de género.

El miedo a la libertad de las mujeres percibida como una amenaza hace que algunos se vuelvan hacia posturas de dominio y de poder, manifestado en victimismo, enfrentamiento y violencia. Es así que surge en la última década un ruidoso y minoritario movimiento de hombres de defensa de los derechos (privilegios) de los hombres y de los padres, especialmente enfocado a atacar las leyes de protección de las mujeres ante la violencia de género y el feminismo en términos generales.

Aceptar la igualdad es percibido por muchos como una pérdida de privilegios (aunque estos sean privilegios “envenenados”, puesto que acaban perjudicándonos) ante la que muchos hombres se resisten.

No hemos conseguido convencer al grueso de los hombres, de que nosotros ganamos con la igualdad: en salud, en calidad de vida, en mejores relaciones y comunicación, en autoestima, en autonomía, en respeto y aprecio de los demás.

Para tomar conciencia de nuestra responsabilidad en la discriminación de género es preciso visibilizar de forma personal y biográfica los aprendizajes machistas que pasan desapercibidos y naturalizados como sentido común.

La educación emocional masculina -que confunde firmeza con desconexión- y que nos previene contra la introspección, las mistificaciones que nos enfocan a ser resolutivos dando una respuesta desde la acción, abocan a muchos hombres al fracaso en el cambio, concebido como algo que pudieran realizar por si mismos individualmente y de una forma racional, por propia decisión y voluntad personal.

Habría que cuestionar “la -tan masculina- heroicidad” como un elemento más de la cultura machista; en este caso, la heroicidad de pensar que uno puede enfrentarse individualmente a siglos de machismo, metáforas culturales -de las que la mayoría de los hombres tienen poca conciencia-, e instituciones muy poderosas que generan los significados a través de los cuales nos vivimos como hombres.

Otros hombres ven el problema de la igualdad como algo propio de mujeres como supuesta minoría, que debe demostrar que quieren y pueden conseguir los mismos logros que los hombres. Para estos hombres, la igualdad es algo que no les atañe o que incluso les perjudica porque favorece que las mujeres compitan con ellos.

Una parte del movimiento de las mujeres, viene trabajando también desde este presupuesto, como si la igualdad de género no tuviera que ver con los hombres, o no fuera imprescindible la implicación y el cambio de los mismos. Las políticas de “mujer” no es probable que provoquen los cambios deseados en los roles y las relaciones de género por el mero hecho de dirigirse a mujeres, ya que pueden realizarse desde posiciones perfectamente conservadoras y homófobas que refuerzan y/o son neutras en cuanto a la discriminación de género.

Naila Kabeer señala “no se trata de simplemente canalizar recursos para las mujeres dentro de un marco establecido, sino que requiere que los hombres abandonen ciertos privilegios y asuman ciertas responsabilidades para que se produzcan una mayor equidad en los resultados de desarrollo” (Chant y Guttman, 2000, p.82). En ese sentido, se ha perdido en la primera década del segundo milenio la oportunidad histórica de profundizar las políticas transformativas de género, incluyendo una estrategia de intervención con hombres en igualdad y violencia de género.

Pocas instituciones y/o administraciones públicas han comenzado a apostar de una forma más decidida en un enfoque que comprenda estrategias y acciones dirigidas a los hombres (Ayuntamiento de Jerez, Gobierno Vasco, principalmente). La apuesta por políticas de igualdad de género enfocadas a hombres sigue siendo exigua al analizar los grandes avances como la Ley Integral contra la violencia machista o la Ley de Igualdad, lo que consideramos una oportunidad perdida.

El feminismo ha contribuido de forma fundamental a la visibilización de la discriminación de género, a la incorporación de las mujeres a la esfera pública, a la emancipación y el empoderamiento de las mujeres, y en definitiva a la consolidación de los derechos humanos, la democracia y el desarrollo. El feminismo nunca ha contemplado una utopía al margen de los hombres y ha entendido que no es posible un mundo sin discriminación de género al margen de los hombres.

Superadas algunas lógicas reticencias iniciales, la mayor parte de corrientes del movimiento feminista en nuestro país han asumido la necesidad de que exista un movimiento de hombres de este tipo y están dispuestas a apoyarlo y trabajar con él.

Además, las administraciones públicas dedicadas a la promoción de la igualdad de género, comparten de forma creciente la observación de que los graves problemas sociales y de salud pública que la desigualdad de género causa en nuestro país, tienen como protagonista a hombres que continúan adhiriéndose a distintas concepciones machistas.

El convencimiento de que la discriminación de género sólo pueden ser abordada y corregida si la contemplamos no como una mera cuestión redistribuitiva de los privilegios y riquezas, sino como una dimensión que se construye en las relaciones interpersonales a todos los niveles (doméstico, laboral, social, político, cultural, urbanístico, etc.), requiere por tanto de reformas y políticas específicas con hombres, así como de un trabajo crítico por parte de los hombres de exploración, auto-conocimiento y auto-apoyo en el cambio.

Creemos que es fundamental lanzar una serie de campañas de sensibilización que incidan en estos miedos y resistencias, insistiendo en mensajes positivos y responsabilizadores, pero no culpabilizadores hacia los hombres. Y queremos hacerlo, en la medida de lo posible, de forma coordinada entre los hombres por la igualdad del estado español. Este objetivo puede conseguirse, puesto que somos hombres que hemos revisado de forma vivencial, actitudinal y emocional la forma en la que fuimos socializados en el machismo y por consiguiente somos más capaces hoy de generar conexión, cooperación y empatía, para superar las actitudes competitivas y personalismos en los que como hombres fuimos socializados. Existen muchos puntos de coincidencia dentro de la diversidad de sensibilidades entre los hombres por la igualdad, lo que ha posibilitado la puesta en común de una “agenda de los hombres por la igualdad” como se llevó a cabo en Barcelona en noviembre de 2011.

Impulsar coordinadamente esta agenda puede ser especialmente importante en estos momentos en los que vivimos fuertes presiones para limitar los derechos sociales y la igualdad de género. Las escasas políticas específicas enfocadas a hombres han sido aniquiladas a día de hoy (la insuficiente ampliación del permiso de paternidad, los proyectos piloto para la rehabilitación de hombres agresores, el teléfono de información para hombres, el apoyo a iniciativas globales como “MenEngage”, la visibilidad de un Delegado de Gobierno para la Violencia de Género profeminista).

Por el contrario, estamos convencidos de que las raíces de la actual crisis social y económica que vivimos se relacionan íntimamente con el patriarcado. La crisis deja al descubierto los valores del dominio egoísta y de la imposición de unos pocos; la consideración de la naturaleza como recurso y no como fuente de vida; de las personas como instrumentos y no como protagonistas; del poder, la violencia y la exclusión como solución de los conflictos. Estos valores están íntimamente vinculados históricamente con los del patriarcado como forma de dominación masculina sobre el mundo, las mujeres y también muchos hombres.

La superación de la crisis sólo puede ser abordada, pues, si contemplamos el cambio de esta masculinidad heterosexista y machista, valga la redundancia. Esta transformación debería ser una urgencia social, sin detrimento de los esfuerzos sociales y las políticas activas dirigidas a mujeres, ni las dirigidas a la protección de las mujeres víctimas de la violencia machista.

Hemos acumulado un considerable bagaje de experiencias, reflexión, habilidades, materiales, instrumentos de comunicación, investigaciones, buenas experiencias, estrategias, modelos de trabajo para el cambio de los hombres, criterios de calidad, programas y proyectos. Sería una pérdida no dar un paso adelante de cara a, con apoyos institucionales, poner en funcionamiento el capital del que disponemos hoy como movimiento.

José María Espada Calpe
Miembro de la Red de Hombres por la Igualdad
Community Manager. Heterodoxia.

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