Masculinidades

¿Blade Runner? Epígono de la condición posmoderna

Posted in Publicación by Community Manager on 23 junio 2012

Publicado en Revista “Encanal”, Vilanova i la Geltrú, Barcelona, nº3, Pp. 1-3, octubre-diciembre 2000

 “… la ciencia y la técnica, que promisoriamente permitían liberar las energías y las capacidades humanas, en vez de convertir al ser humano en un semidiós, lo transforman en un esclavo; en un robot, en vez de un moderno Prometeo”. Rafael Lara.

El ‘film’ del director Ridley Scott levantó gran polémica desde su pre-estreno. Su primera versión fue retocada antes de su comercialización definitiva para suavizar los aspectos más nihilistas o hacer más tragable el film al público americano que no está familiarizado con textos-visuales de tipo más filosófico. El ‘director’s cut’ variaba en tres aspectos: el final es menos idílico sin huida a una naturaleza todavía luminosa y virgen (escena que se incluye en la segunda versión y que es tomada de grabaciones de archivo); no existía una voz en ‘off’ al comienzo del ‘film’, e incluía una escena onírica de difícil interpretación en la que introducía un sugerente unicornio y que le daba un toque de misterio y profundidad mayor. Las interpretaciones sobre el unicornio se prestan a una complejísima hermenéutica. En un principio remite a un símbolo medieval vinculado a la pureza virginal y al mismo tiempo a la potencia sexual. El unicornio podría representar la infancia y la pureza, la inocencia perdida, (¿El unicornio azul de Silvio Rodríguez?). El unicornio podía ser una metáfora de la posmodernidad como pérdida de la inocencia, como desilusión sobre las ingenuas promesas de la modernidad, quiza en el sentido que Urdanibia emplea el término, como una forma más descreida de revisitar la modernidad.

Los cambios redundaron en un mayor éxito taquillero y en una mayor difusión entre un público general que sólo buscaba entretenimiento. La versión del director mantenía una mayor coherencia sin efecto balsámico alguno. Un elemento interesante de su éxito y difusión, es que llevó un universo simbólico y un debate académico e intelectual ciertamente elitista a un público general poco receptivo a unos debates post-modernistas poco comprensibles para los legos. La película es aparentemente un film de acción, aventura y suspense con una relativamente fastuosa puesta en escena futurista (Scott recurrió a los diseños del cómic –Moebius, The long tomorrow- y de la arquitectura).

 Un elemento interesante de su éxito y difusión, es que llevó un universo simbólico y un debate académico e intelectual ciertamente elitista a un público general poco receptivo a unos debates postmodernistas poco comprensibles para los legos

Las interpretaciones al existir dos versiones se han multiplicado: Algunos han señalado que su éxito se basa en que trata uno de los eternos temas, una historia de amor imposible en un mundo hostil entre un replicante (Rachel) y un humano (Deckard). Los replicantes son Cyborg, o humanoide, creados mediante ingeniería genética, con capacidades de raciocinio y superdotado en su especialidad por la que ha sido creado (guerreros, prostitutas y trabajos penosos o arriesgados). Tienen una fecha de caducidad determinada y han sido creados por la Tyrrel Corporation para el servicio a los humanos en la conquista de las Colonias Exteriores (el espacio).

Otros autores la describen como obre de ciencia-ficción, que responde entonces al deseo de vislumbrar como será la sociedad del futuro. Otros críticos resaltan el escenario y la arquitectura como una metáfora del mundo real. El plano general del ‘Los Angeles’ del siglo XXI de Ridley Scott contrasta vivamente con las imágenes que pudimos contemplar en los disturbios raciales y la revuelta de Los Ángeles en 1992: explosiones, luchas callejeras, la ciudad en llamas. La mixtura de viejo y nuevo, el cosmopolitismo desordenado y amalgamado que ya se masca en esta década se combinan en la película en un ambiente decadente marcado por el desastre ecológico consecuencia de la combinación de desarrollo basado en tecnología y capitalismo.

El sociólogo David Lyon utiliza la película para introducir su libro ‘Posmodernidad’ señalando esta amalgama de lo moderno y lo antiguo, los ‘vestigios de modernidad, residuos de progreso’, junto al predomino de la alta tecnología y la desaparición de la naturaleza. Un paisaje de multitud cosmopolita y abarrotada pueblan las calles llenas de luces de neón frente a la oscuridad del cielo. Esto contrasta vivamente con la existencia de gran cantidad de edificios despoblados, abandonados. No quedan restos de familia, apenas se ven niños. Las personas aparecen como individuos aislados.

Parece la pesadilla que persiguió a Durkheim, un paisaje de anomía y desintegración. Las fotos reflejan un mundo en el que existía el hogar y la destrucción ambiental no había llegado todavía, en el que existía luz y no la eterna oscura lluvia. En la megalópolis reina el caos junto a poderes absolutos que no vertebran la sociedad. No hay organización social ninguna, no hay políticos ni Estado. Aparecen dos poderes cuasi absolutos, la policía y la Tyrrell Corporation. El despiadado mercado ha triunfado junto al Estado Mínimo que simplemente cumple funciones de control y defensa del propio mercado. No hay ninguna estructura social clara. La sociedad de Blade Runner es esa mixtura ya apuntada de interculturalidad, de pobreza y alta tecnología, de pasado y futuro, y de consumismo. Naves-anuncio recorren la ciudad con grandes luminosos anunciando la comercialización de la redención: ‘Empiece de nuevo en las colonias exteriores’. La civilización ha fracasado y el progreso está en ruinas. Una sociedad hedonista que ha creado nuevos esclavos, replicantes a su servicio, que sin embargo se revelan contra sus amos. Pero apenas se vislumbra, ni en la tierra, ni en las colonias exteriores posibilidad de volver a ese paraíso perdido, a esa antigua ingenuidad, a un mundo más habitable y humano. El espacio exterior se convierte en nuevo horizonte de conquista y dominación, arrebatado en guerra contra los extraterrestres. Expresa el último extremo del deseo de dominación propio de la modernidad y de su afán depredador, pero ya no hay una ‘redención final’ sino que se muestra como un inexorable destino en el que sólo cabe la salvación individual, pero nunca la colectiva. Esto hace que Blade Runner pueda ser considerada como una obra distópica.

Naves-anuncio recorren la ciudad con grandes luminosos anunciando la comercialización de la redención: ‘Empiece de nuevo en las colonias exteriores’. La civilización ha fracasado y el progreso está en ruinas.

Para ciertos autores, bajo el formato y la envoltura de serie negra se esconde una reflexión sobre el tema de la inteligencia artificial y los androides. La creación de vida artificial mediante ingeniería genética remite al prometéico Frankestein de Mary Shelley, símbolo del enfrentamiento del hombre frente a la naturaleza y a Dios, que por su deseo de dominarlos, de crear vida, acaba por fracasar. La tecnología crea monstruos que se vuelven contra sus propios creadores (Goya: “el sueño de la razón produce monstruos”). Los replicantes acaban matando a su creador. Pero ni Frankestein con su cerebro de criminal, ni los replicantes con su cerebro programado, están determinados, sino que en su corta vida aprender, sienten… son personajes ambivalentes, henchidos de deseos de vivir, y su carrera de asesinatos no tienen más fin que luchar contra su destino programado.

Buscan un status humano, se aman, se apoyan frente a un mundo que los ha creado como sofisticados nuevos esclavos para la guerra y el placer. Deckard, el personaje con el que supuestamente deberíamos identificarnos, y que da nombre a la historia y presta el hilo argumental, es un egocéntrico y violento humano, atormentado por un mundo derruido en el que sólo cabe el sálvese quién pueda. Deckard es despreciable, no tiene escrúpulos y está guiado por el mero instinto de supervivencia, y sin embargo se busca a sí mismo a través de su investigación policial. El Blade Runner ama a Rachel como una igual, la redime y nos plantea una de las preguntas más inquietantes sobre los productos de la tecnología sobre la vida, que es el replanteamiento de los códigos morales frente a la vida artificial.

en su corta vida aprender, sienten… son personajes ambivalentes, henchidos de deseos de vivir, y su carrera de asesinatos no tienen más fin que luchar contra su destino programado. Buscan un status humano, se aman, se apoyan frente a un mundo que los ha creado como sofisticados nuevos esclavos para la guerra y el placer

Blade Runner alcanza apoteósicamente su culmen con una paloma, que con su vuelo bajo la lluvia, atestigua la muerte del último replicante a ‘retirar’, Roy Batty, el Nexus 6 de combate. En un gesto inesperado salva la vida a su verdugo, mientras agónicamente apenas puede retener su propia vida que se le escapa a toda velocidad por esa mano herida que mantiene la fuerza suficiente para salvar a Deckard. Según ve a éste a punto de caer al vacío pendiendo de una viga, le dice: “es duro vivir con miedo, eso es ser esclavo”. Atónito y sin aliento, pero ya a salvo, Deckard escucha las últimas palabras del Roy: ‘Espectáculos y experiencias que jamás un humano haya conocido’,y ‘Todos los momentos de la experiencia se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia’, en esa lluvia gris, ácida, nuclear. No hay una acu-mulación, historia, o progreso, la sociedad no sigue ningún camino que lleve a un estadio superior.

Todos los momentos

de la experiencia

se perderán en el tiempo

como lágrimas en la lluvia”

Gazz (jefe de policía de origen oriental que hablaba Interligua –idioma pidgin- y hace continuamente figuritas de papel) estuvo en el apartamento de Deckard donde se resguardaba Rachel y dejó un unicornio de papel. En la versión del director, el unicornio de Gazz aparece bajo un rayo de sol en la puerta del apartamento al final de la película junto a su voz de fondo que repite las palabras que pronunció en el tejado tras recoger al Blade Runner abatido que había cumplido su misión,: “Es una pena que la chica no pueda vivir, pero ¿quién vive…?”.Deckard y Rachel , seguirán huyendo y luchando hasta que sus fechas de caducidad lleguen pero aquí acaba la película, en una asfixiante angustia, del que se sabe perseguido por una maquinaria sin razón y sin futuro.

¿Son los replicantes, esos horribles monstruos prometeicos ‘más humanos que los humanos’ (lema de la Tyrrel Co)? Creo que el film cuestiona qué sea la condición humana y al mismo tiempo anticipa los debates surgidos con el desarrollo de la ingeniería genética y la clonación, ya augurada por Aldoux Huxley en su ‘Mundo feliz’. La aparente diferencia entre los humanos y los replicantes es que los humanos tienen una biografía, tienen una infancia. Los replicantes en su deseo de comprenderse buscan su pasado, necesitan de las fotos para reafirmarse para crear su propia identidad en su corta, violenta, plena y fugaz existencia. ¿Es el pasado, la memoria, lo que confiere la condición humana? ¿No son nuestros intentos de dar una coherencia a nuestra experiencia y biografía tan angustiosos y artificiales como los de los ingenuos replicantes atropellados por su corto pasado?

La misma afirmación irónica de retirada muestra el talante eufemístico del poder, esta operación del lenguaje intenta negar el estatus cuasi humano de los replicantes y legitima la operación de asesinato.

El tema central de la película es la ‘retirada’ de los replicantes. La misma afirmación irónica de retirada muestra el talante eufemístico del poder, esta operación del lenguaje intenta negar el estatus casi humano de los replicantes y legitima la operación de asesinato, de tal manera que para un espectador poco atento matar un replicante supone una victoria. El discurso es agonía en su sentido de lucha por el significado y el poder. Deckard ni siquiera es tan ingenuo, vive su obligado ‘trabajo’ con culpabilidad y atormentadamente, sabe que si no se plega a los requerimientos de la todopoderosa policía y de los intereses de la Tyrrell Corporation, puede ser él mismo el retirado. En la segunda versión no se vislumbra tanto, pero en el ‘director’s cut’ queda abierta la puerta a la posibilidad de que el mismo Deckard sea también un replicante. Su observación de las fotos de su infancia, los juegos de palabras sobre la fiabilidad de las pruebas para determinar quién es un replicante o no y si él ha pasado alguna vez tales pruebas, la falta de vínculos de ninguna clase… . Deckard comenta en voz de fondo en la versión doblada española: “se supone que los replicantes no tienen sentimientos, y que tampoco los tienen los Blade Runner. ¿Qué demonios me estaba pasando?”. El dilema de la identidad como biografía preocupa tanto a los replicantes como a ‘Blade Runner’. El pasado puede ser un invento, un injerto (como con Rachel), una ilusión construida con lo que se imagina-recuerda ¿Qué realidad tiene prioridad? Se hace patente que la biografía es creada y reconstruída y que sobrestimamos la mismidad de un yo único, estable, coherente. El yo es un estar, un proceso, que a cada paso reconsidera su peculiar forma de estar en el mundo, un yo en diálogo que al igual que el progreso puede conducirse a la autodestrucción. Las fronteras entre replicantes y humanos se difuminan.

La tecnología implica un riesgo y un peligro que se asume en medida cada vez mayor. Esta es la dinámica que hoy en día vivimos con relación a la crisis ecológica. Los intereses económicos de distintas corporaciones, estados e individuos que podríamos denominar ‘centro’, necesitan invisibilizar, ya sea negando o alejando, para sus propias poblaciones las consecuencias de sus propias acciones en el medio ambiente.

En uno de los diálogos Rachel pide permiso a Deckard para hacerle una pregunta personal: ¿No ha ‘retirado’ a algún humano por equivocación? Deckard lo niega, Rachel le echa en cara que en su situación corre ese riesgo. ¿Es posible una actuación tan drástica sin cometer errores? Retirar a los replicantes supone que el poder necesita ocultar sus errores y monstruos. La entrada en la tierra estaba prohibida a los replicantes desde que se descubrió que algunos replicantes desobedecían su programa. La policia procede a la retirada de los replicantes sin que la población conozca de la presencia de éstos en la tierra. La aplicación de la tecnología implica un riesgo y un peligro que se asume en medida cada vez mayor. Esta es la dinámica que hoy en día vivimos con relación a la crisis ecológica. Los intereses económicos de distintas corporaciones, estados e individuos que podríamos denominar ‘centro’, necesitan invisibilizar, ya sea negando o alejando, para sus propias poblaciones las consecuencias de sus propias acciones en el medio ambiente.

Las distopías como las utopías intentan modificar el presente mediante un fuerte impulso ético. Varios elementos se repiten frecuentemente en las distopías: la desconfianza si no rechazo abierto a la ciencia y sobretodo a su aplicación sobre los humanos, ya sea en forma de conductismo psicológico, manipulación biológica o ingeniería social. Otro tema central es la desaparición del individuo, ya sea en un totalitarismo, ya sea en una sociedad de consumo masa, ya sea en una sociedad en la que la infelicidad esté proscrita y se consiga mediante drogas y medios artificiales, o en la que no exista la individualidad ni siquiera en el lenguaje de manera que el individuo no pueda ni pensarse como separado de la colectividad.

Las distopías no renuncian a un mundo mejor, pero nos alertan de los posibles futuros implícitos en nuestras ingenuidades del presente, y nos interpelan para no llegar a ellos. Lo específico de la posmodernidad y quizá de la distopía es su descreimiento de las promesas de la razón.

Las distopías no renuncian a un mundo mejor, pero nos alertan de los posibles futuros implícitos en nuestras ingenuidades del presente, y nos interpelan para no llegar a ellos. Lo específico de la posmodernidad y quizá de la distopía es su descreimiento de las promesas de la razón. Y la dificultad de proponer un proyecto futuro es que quizá haya que pensar en que no cabe un horizonte universal único, sino que hay que aceptar la diversidad y la pluralidad de horizontes. Blade Runner para ciertos críticos sería el epígono de una distopía del siglo XX cada vez más envuelta en el género de la ciencia-ficción..

José María Espada Calpe

Berlin, Isaiah. (1992) El fuste torcido de la humanidad. Península, Barna, 1992.

Bilbao Ariztimuño, Kepa. (1997) La modernidad en la encrucijada. La crisis del pensamiento utópico en el siglo XX: El marxismo de Marx. Gakoa Liburuak, Donostia.

Chirbes, Rafael. (1998) La legitimidad de la narrativa. En revista ‘Página Abierta’, nº79, enero.

Kumar, Krishan. (1987) Utopia and anti-utopia in modern times. Basil Blackwell Ltd., Oxford.

Lara, Rafael. (1996) Ciencia-ficción: Dossier y La ciencia-ficción escrita por mujeres, en revista ‘Página Abierta’, Madrid, mayo.

Lyon, David. (1994) Postmodernidad. Madrid, Alianza Editorial (1996).

Lyotard, Jean Francois. (1979) La condición posmoderna. Madrid, Cátedra.

Trousson, Raymond. (1979) Historia de la literatura utópica. Madrid, Península, 1995.

Urdanibia, Iñaki. (1997) ¿posmodernidad ha dicho…? En revista ‘Página Abierta’, nº71, abril

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